Boletín de Situación Internacional: del 23 de febrero al 1 de marzo de 2026
Irán en el abismo, Europa nuclear y guerra en Asia Central
Esta semana concentra tres líneas de análisis que conviene leer en paralelo. El sábado 28 de febrero, Estados Unidos e Israel lanzaron la «Operación Furia Épica» contra Irán, una campaña de ataques aéreos que culminó con la muerte del ayatolá Alí Jamenei y de buena parte de la cúpula del régimen. En Europa, la crisis iraní ha acelerado el debate sobre la disuasión nuclear y la autonomía estratégica del continente, con el discurso de Macron del 2 de marzo como punto de referencia. Y en Asia Central, lejos de la atención mediática, Pakistán ha declarado una «guerra abierta» contra el régimen talibán afgano, abriendo un frente cuyas ramificaciones aún son difíciles de calibrar.
Los tres asuntos comparten un rasgo común: obligan a reexaminar supuestos que hasta hace poco se daban por estables (la vigencia de la diplomacia nuclear, la dependencia europea del paraguas de seguridad estadounidense y el precario equilibrio en la frontera af-pak).
1. Operación Furia Épica: el ataque contra Irán y sus consecuencias
Los hechos, en lo esencial, son los siguientes. El sábado 28 de febrero, fuerzas aéreas de Estados Unidos e Israel lanzaron una campaña de bombardeos contra objetivos militares y nucleares iraníes. La Casa Blanca presentó la operación como un esfuerzo para desmantelar el programa nuclear iraní y su capacidad balística. El resultado más grave fue la muerte del Líder Supremo, el ayatolá Alí Jamenei, junto a gran parte de la dirección del régimen. Trump indicó que la campaña podría prolongarse «cuatro o cinco semanas si es necesario».
Teherán respondió con lanzamientos de misiles contra Israel y contra bases estadounidenses en Baréin, Kuwait, Jordania, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos, causando la muerte de al menos tres militares estadounidenses. La consecuencia económica inmediata ha sido el cierre de facto del Estrecho de Ormuz: las principales aseguradoras marítimas han suspendido la cobertura para petroleros en la ruta, por donde fluye en torno al 20% del suministro mundial de crudo. El Brent, lógicamente, se ha disparado.
El momento del ataque plantea cuestiones incómodas. La operación coincidió con la tercera ronda de negociaciones nucleares entre EE.UU. e Irán en Ginebra. Según fuentes diplomáticas, el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, había propuesto suspender el enriquecimiento de uranio durante varios años. Esa coincidencia ha alimentado la lectura de que la diplomacia funcionó como cobertura de la operación militar, no como alternativa a ella.
«No sería irrazonable que los funcionarios iraníes asumieran que la diplomacia fue una mera artimaña antes de que cayeran las bombas. Es hora de decir adiós al control de armas.»
— Ray Takeyh, Council on Foreign Relations
Sobre la legalidad, las posiciones están claramente divididas. Chatham House califica la operación como «guerra preventiva» y la considera una violación del principio de la Carta de la ONU que prohíbe el uso de la fuerza excepto en legítima defensa ante un ataque inminente. La justificación de Washington, basada en una lista de agravios acumulados desde 1979, no satisface ese criterio según los analistas de Chatham House. En el otro extremo, Elliott Abrams (CFR, ex enviado especial para Irán) defiende la operación como la traducción de un cambio de objetivo: de la degradación de capacidades se ha pasado a buscar el cambio de régimen.
Sobre el futuro del régimen hay menos consenso aún. Takeyh, desde el CFR, mantiene que «la teocracia probablemente sobrevivirá, maltrecha pero en pie». El Atlantic Council, en cambio, explora la hipótesis de un «IRGCistán»: un Estado controlado por la Guardia Revolucionaria Islámica, que podría resultar más radical o, según las circunstancias, más dispuesto a negociar a cambio de supervivencia económica. Los precedentes de Irak (2003) y Libia (2011) invitan a recelar de las previsiones optimistas sobre qué ocurre tras un golpe exterior a un régimen autoritario.
2. Europa nuclear: Macron, la Declaración de Northwood y el debate sobre la autonomía
La crisis iraní ha funcionado como acelerador de un debate que llevaba años avanzando a ritmo lento en las capitales europeas: la necesidad de una disuasión nuclear propia y de una autonomía estratégica que no dependa enteramente de la cobertura de seguridad estadounidense. El lunes 2 de marzo, el presidente francés, Emmanuel Macron, presentó la nueva doctrina nuclear de Francia.
Macron descartó cualquier forma de «control europeo compartido» sobre el arsenal francés —una línea roja constitucional en París—, pero abrió la puerta a un diálogo con los socios europeos sobre el papel que la disuasión francesa puede desempeñar en la seguridad del continente. El gesto importa más por lo que sugiere que por lo que compromete: Francia sigue sin compartir el botón nuclear, pero acepta hablar sobre cómo su arsenal encaja en una arquitectura de defensa europea más amplia.
El discurso se inscribe en el marco de la Declaración de Northwood, un acuerdo bilateral firmado en julio de 2025 entre Francia y el Reino Unido para profundizar su coordinación en materia nuclear. El Center for Strategic and International Studies (CSIS) valora que Northwood «mejora la credibilidad de una contribución genuinamente europea a la disuasión nuclear y profundiza el reparto de cargas franco-británico». En la Conferencia de Seguridad de Múnich, el primer ministro británico, Keir Starmer, se pronunció en la misma dirección: es momento de «mejorar la cooperación nuclear con Francia».
Dos factores empujan este realineamiento. Primero, la retirada progresiva de Estados Unidos de sus compromisos de seguridad europeos, un proceso que se ha acentuado con la actual administración. Segundo, la asertividad creciente de Rusia, que mantiene la presión sobre el flanco oriental de la OTAN. El fracaso del acuerdo franco-alemán para el Futuro Sistema Aéreo de Combate (FCAS) había generado escepticismo sobre la capacidad de Europa para coordinarse en defensa; la crisis actual ha reavivado la urgencia del asunto.
La reacción europea a la operación en Irán refleja bien los dilemas internos del continente. España condenó la «acción militar unilateral»; la República Checa se alineó con Washington. Francia, Alemania y el Reino Unido emitieron una declaración conjunta distanciándose de la operación, lo que provocó acusaciones desde el Senado estadounidense —Lindsey Graham calificó a los europeos de «patéticamente blandos» —. Esta fractura no parece puntual. La pregunta de fondo sigue siendo la misma de los últimos años: si Europa tiene la voluntad política para respaldar con recursos y decisiones la autonomía estratégica que invoca en sus discursos.
3. Guerra en Asia Central: Pakistán contra los talibanes
El 26 de febrero, el ministro de Defensa de Pakistán anunció el inicio de una «guerra abierta» contra el régimen talibán en Afganistán. La declaración llegó tras una semana de escalada: primero, ataques aéreos pakistaníes contra supuestos campamentos del Tehrik-e Taliban Pakistan (TTP) en territorio afgano; después, una ofensiva talibán contra puestos fronterizos en la Línea Durand.
Islamabad justifica la operación —que ha incluido bombardeos sobre Kabul y Kandahar— como respuesta al aumento de los ataques del TTP en suelo pakistaní, incluido un atentado contra una mezquita chíí en Islamabad a principios de febrero. Los talibanes niegan dar refugio al TTP, prometen represalias y afirman que los bombardeos han afectado a objetivos civiles.
Un análisis del CSIS estima que el escenario más probable es una desescalada tras un periodo de enfrentamientos fronterizos, pero la retórica de «guerra abierta» sugiere que Islamabad podría estar barajando opciones más contundentes: una campaña de bombardeos sostenida o incluso una incursión terrestre.
El conflicto está cargado de complejidades que conviene detallar. La Línea Durand, trazada por los británicos en 1893, divide a las comunidades pastunes y los talibanes —un movimiento predominantemente pastún— nunca la han reconocido. Los vínculos entre el TTP y los talibanes afganos son ideológicos y familiares, lo que significa que una ofensiva talibán contra el TTP podría comprometer su propia cohesión interna. Pakistán acusa a los talibanes de actuar como proxy de la India, una lectura que la mayoría de los analistas considera exagerada pero que revela la profundidad de las suspicacias estratégicas de Islamabad.
Un riesgo adicional merece atención: el vacío de seguridad que un conflicto prolongado podría abrir sería terreno fértil para el Estado Islámico del Jorasán (ISIS-K), enemigo tanto de Islamabad como de los talibanes. Para Estados Unidos, la situación complica una estrategia antiterrorista en una región que sigue albergando múltiples grupos hostiles a Occidente. La retirada de Afganistán en 2021 se presentó como el cierre de un capítulo; este conflicto sugiere que el capítulo sigue abierto, solo que con actores parcialmente distintos.
Diplomacia en movimiento y espionaje
El rastro de Jamenei
SpyTalk y otros medios especializados en inteligencia han publicado detalles sobre la operación que condujo a la muerte de Jamenei. Según estos informes, la CIA llevaba meses rastreando sus movimientos y compartió la inteligencia con sus homólogos israelíes. El ataque se ejecutó con tres misiles en sesenta segundos. La precisión del operativo apunta a una penetración de inteligencia profunda en el aparato de seguridad iraní, un dato que merece atención independientemente de la valoración política que se haga de la operación.
Pegasus en Polonia
La justicia polaca ha acusado formalmente a ex jefes de los servicios de inteligencia por el uso ilegal del software espía Pegasus —de fabricación israelí— contra figuras de la oposición durante el gobierno anterior. El caso se suma a la serie de escándalos que han afectado a varias democracias europeas en relación con el uso de herramientas de vigilancia contra adversarios políticos internos.
Paz en el Congo
En el este de la República Democrática del Congo, la muerte de un alto comandante del M23 en un ataque de dron del ejército congoleño ha coincidido con un gesto diplomático: los líderes de la RDC y Ruanda han acordado reunirse en Angola para conversaciones de paz, con el objetivo de desactivar un conflicto que lleva años desestabilizando la región de los Grandes Lagos.



