Boletín de Situación Internacional del 12 al 18 de enero de 2026
La Semana de las Distracciones Estratégicas
Mientras los titulares estaban saturados con la intervención estadounidense en Venezuela, las amenazas a Groenlandia y las protestas en Irán, tres historias de profunda importancia estratégica se desarrollaban en las sombras o eran deliberadamente ignoradas. Esta newsletter se propone iluminar esos rincones oscuros: los cables cortados en el fondo del Mar Báltico, la crisis humanitaria más grande del mundo que nadie quiere ver, y el asedio coordinado a la independencia de los bancos centrales que podría redefinir el orden económico global.
Estos tres temas representan tres dimensiones críticas de la geopolítica contemporánea: la guerra híbrida que opera bajo el umbral de la detección mediática, la jerarquía moral implícita en la atención humanitaria, y la erosión de las instituciones tecnocráticas que han sostenido la estabilidad económica durante décadas. En conjunto, ofrecen una ventana a un mundo donde las crisis más importantes no siempre son las más visibles, y donde la capacidad de manipular la atención es, en sí misma, un arma estratégica.
Guerra Híbrida en el Báltico: El Sabotaje Invisible
Mientras los titulares internacionales de la semana del 6 al 12 de enero estaban dominados por la intervención estadounidense en Venezuela y la posterior crisis diplomática con Europa por las amenazas a Groenlandia, una serie de eventos críticos se desarrollaba en las profundidades del Mar Báltico. Según un informe de Elisabeth Braw en Foreign Policy, al menos seis cables de comunicaciones submarinos fueron cortados en menos de una semana, marcando el regreso de una campaña de sabotaje que había estado en pausa durante casi un año .
Este tipo de ataques no es nuevo, pero su reanudación en un momento de máxima distracción geopolítica sugiere una coordinación estratégica deliberada. Braw, analista del Atlantic Council, señala que “mientras la OTAN estaba distraída por la crisis de Groenlandia, los ataques pasaron casi desapercibidos”. Esta táctica de guerra híbrida, que busca explotar la sobrecarga informativa para ejecutar operaciones encubiertas, expone una vulnerabilidad crítica en la infraestructura occidental. La dependencia de estos cables para todo, desde transacciones financieras hasta comunicaciones gubernamentales, los convierte en un objetivo de alto valor.
La falta de cobertura mediática sobre este tema es notable. Ninguna de las otras fuentes principales analizadas esta semana, incluyendo el Council on Foreign Relations, Chatham House o The Economist, dedicó espacio a estos incidentes. Esta omisión resalta la eficacia de la estrategia de distracción: un ataque directo a la infraestructura vital de Europa pasa a un segundo plano frente a dramas políticos más televisivos. El incidente del buque de carga Fitburg, vinculado a Rusia y liberado por Finlandia el 12 de enero tras ser retenido por sospechas de sabotaje, apenas generó eco en la prensa internacional, a pesar de que la investigación sigue abierta .
El patrón es claro: la guerra de infraestructura submarina se está convirtiendo en un componente clave del arsenal híbrido de actores estatales que buscan desestabilizar a sus adversarios sin llegar a un conflicto abierto. La capacidad de cortar el flujo de datos de una nación es, en el siglo XXI, equivalente a un bloqueo naval en el siglo XX. La pregunta que queda en el aire es si los gobiernos occidentales tomarán en serio esta amenaza o si seguirán permitiendo que las crisis políticas orquestadas los distraigan de los peligros reales que acechan bajo la superficie.
“El fondo marino del Báltico puede ser la coyuntura en la que quede claro que la OTAN ha entrado en una nueva era de guerra híbrida”, advierte un editorial reciente de Foreign Policy.
La protección de esta infraestructura requerirá una nueva doctrina de seguridad, que incluya desde una mayor vigilancia con drones submarinos, como sugiere la industria de defensa alemana , hasta una reevaluación de cómo se prioriza la inteligencia en un entorno mediático saturado de ruido. El Instituto de Estudios de Seguridad de la Unión Europea (RUSI) ha publicado recientemente un análisis sobre “Responding to Russian Sabotage Financing”, identificando el sabotaje como “una herramienta clave de la guerra híbrida, cuyo uso está creciendo” desde 2022 . El informe documenta un marcado aumento en las operaciones híbridas contra estados miembros de la OTAN, sugiriendo que lo ocurrido en el Báltico es parte de un patrón más amplio y sistemático.
Sudán: Anatomía de una Crisis Ignorada
El 9 de enero de 2026 marcó un sombrío hito: 1000 días de una guerra civil devastadora en Sudán. En una rara muestra de coordinación, múltiples agencias de las Naciones Unidas emitieron comunicados urgentes para alertar al mundo sobre la magnitud de la catástrofe. Sin embargo, sus voces fueron ahogadas por el estruendo de las crisis en Venezuela y Groenlandia. El resultado es un silencio mediático que resulta tan alarmante como la propia crisis.
Las cifras son abrumadoras. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el conflicto ha provocado 13.6 millones de personas desplazadas, convirtiendo a Sudán en “la mayor crisis de desplazamiento del mundo” . La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) eleva la cifra a 15 millones desde junio de 2023, afirmando que un tercio de la población del país ha sido desarraigada . Por su parte, la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA) estima que 33.7 millones de personas —dos tercios de la población total— necesitarán asistencia humanitaria urgente en 2026, con más de 20 millones enfrentando inseguridad alimentaria aguda . UNICEF añade una capa aún más trágica: la mitad de los necesitados son niños, que han soportado “1000 días de agonía” .
El contraste con la cobertura mediática y el análisis de los principales think tanks es brutal. De todas las fuentes principales revisadas para esta semana, solo el Council on Foreign Relations (CFR) mencionó brevemente la crisis en un artículo de Mariel Ferragamo, quien señaló que “la devastadora crisis humanitaria del país sigue sin recibir la atención internacional que merece” . Publicaciones como Foreign Policy, Chatham House, CIDOB y The Economist, que dedicaron amplios recursos a analizar cada ángulo de las acciones de Trump, guardaron un silencio casi absoluto sobre Sudán.
Esta disparidad expone una incómoda verdad sobre el sistema de atención global: existe una clara jerarquía en las crisis humanitarias. La atención mediática y política no se distribuye en función de la escala del sufrimiento, sino de la relevancia geopolítica percibida, la proximidad cultural y la capacidad de una crisis para encajar en narrativas preexistentes. La tragedia de Sudán, compleja y alejada de los centros de poder occidentales, simplemente no compite por el espacio en la agenda.
El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) incluyó a Sudán en su lista de “6 Crisis a las que prestar atención en 2026”, describiéndola como “una de las crisis humanitarias más urgentes del mundo” . La pregunta es si alguien fuera de la comunidad humanitaria está escuchando. El silencio que rodea a Sudán no es solo una falla periodística; es una falla moral que tendrá consecuencias devastadoras para millones de personas cuyas vidas han sido destrozadas lejos de los focos.
La crisis de Sudán también plantea interrogantes sobre la arquitectura de la respuesta humanitaria internacional. A pesar de los llamados urgentes de la ONU, el financiamiento sigue siendo insuficiente. Según datos de ReliefWeb, más de 30.4 millones de personas —más de la mitad de la población— requieren asistencia en 2025, pero los fondos recibidos apenas cubren una fracción de las necesidades . Esta brecha entre la magnitud de la crisis y la respuesta internacional es un recordatorio brutal de que, en el sistema actual, la visibilidad mediática es casi un requisito previo para la acción humanitaria efectiva.
3. Bancos Centrales: La Rebelión de los Tecnócratas
La independencia de los bancos centrales, durante décadas un pilar del orden económico liberal, se encuentra bajo un asedio político sin precedentes a escala global. Lo que comenzó como una serie de ataques verbales del presidente Donald Trump contra la Reserva Federal de EE.UU. ha evolucionado hasta convertirse en una amenaza sistémica que ha provocado una respuesta coordinada de los principales guardianes de la economía mundial.
El 13 de enero, en un movimiento extraordinario, once jefes de bancos centrales, incluyendo los del Banco de Inglaterra y el Banco Central Europeo (BCE), firmaron una declaración conjunta de “solidaridad total” con el presidente de la Fed, Jerome Powell, quien enfrenta amenazas de una investigación penal por parte de la administración Trump . La declaración fue una defensa contundente de un principio fundamental: “La independencia de los bancos centrales es una piedra angular de la estabilidad de precios, financiera y económica” .
The Economist fue uno de los pocos medios en identificar que este no es un problema exclusivamente estadounidense. En un editorial del 14 de enero, la revista advertía: “No es solo la Fed. La política se cierne sobre los bancos centrales en todas partes” . El artículo señala que, si bien el BCE puede estar mejor aislado por los tratados europeos, futuros gobiernos populistas en Europa podrían erosionar esa protección, una preocupación compartida por analistas de Citi. El caso de Turquía, donde la interferencia política ha dañado la credibilidad del banco central y disparado las expectativas de inflación, sirve como un claro ejemplo de los peligros que se avecinan.
El ex presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, elevó aún más la alarma, declarando a CNBC que la “guerra de Trump contra la Fed representa una amenaza para la estabilidad financiera” global . Esta visión es compartida por la ex presidenta de la Fed, Janet Yellen, quien en un discurso del 6 de enero en la Brookings Institution, advirtió sobre los riesgos de la “dominancia fiscal”, donde la presión política para financiar déficits insostenibles podría comprometer la capacidad de un banco central para controlar la inflación .
El debate encapsula una tensión fundamental de nuestra era: el choque entre el populismo nacionalista y las instituciones tecnocráticas transnacionales. Mientras que algunos, como la consultora RBC, mantienen un cauto optimismo sobre la capacidad de la Fed para resistir la presión , la tendencia global es inequívoca. La politización de la política monetaria, antes un tabú, se está normalizando. Como sentenció un editorial en el diario español El País, “Que estas instituciones sean independientes del poder político no es un capricho, no es un privilegio, no es algo antidemocrático... previene desastres” .
La rebelión de los tecnócratas, manifestada en su declaración de solidaridad, es una señal de que el sistema está reconociendo la magnitud de la amenaza. La cuestión es si su defensa será suficiente para evitar que la credibilidad, una vez perdida, se evapore, llevando consigo la estabilidad económica que tanto costó conseguir. El caso de Turquía, donde el banco central ha perdido credibilidad debido a la interferencia política, muestra que las consecuencias no son abstractas: la inflación se dispara, las inversiones huyen y la economía sufre .
Un análisis de Scope Ratings del 13 de enero advierte que “la presión política debilita la independencia” de la Fed, señalando que el mandato dual del banco central (controlar inflación y mantener empleo) lo hace más vulnerable a la interferencia política que otros bancos centrales con mandatos más estrictos . Este punto es crucial: la arquitectura institucional importa, y las debilidades en el diseño pueden ser explotadas por actores políticos determinados a subordinar la política monetaria a sus objetivos electorales.
LO QUE SE SUSURRA EN LOS CÍRCULOS
•Síndrome de La Habana: El debate sobre los misteriosos ataques sónicos ha resurgido con fuerza. Un informe de Michael Weiss en Foreign Office sugiere que la inteligencia estadounidense podría estar cerca de identificar un “arma misteriosa” utilizada contra sus diplomáticos. Mientras tanto, Jeff Stein en SpyTalk informa que las agencias siguen divididas, con algunos analistas apuntando a operaciones rusas y otros manteniendo el escepticismo. La falta de consenso sigue siendo un obstáculo para una respuesta contundente.
•Operaciones en Groenlandia: Más allá de la crisis diplomática, fuentes de inteligencia citadas por Olga Lautman en Unmasking Russia indican un aumento en la vigilancia de sitios militares rusos en el Ártico. La preocupación se centra en la posibilidad de que Rusia aproveche la tensión dentro de la OTAN para expandir su propia presencia militar y de inteligencia en la región, utilizando la disputa por Groenlandia como cobertura.
•Inteligencia y Contrainteligencia en Venezuela: La intervención en Venezuela ha desencadenado una intensa actividad de inteligencia. Fuentes reportan que agencias de múltiples países, incluyendo Cuba, Rusia y China, están activamente involucradas en operaciones de contrainteligencia para proteger a sus activos y recopilar información sobre los planes de EE.UU. en el país.
•Red de agentes rusos en Estados Bálticos: Una investigación publicada el 18 de enero por UAWire revela que los servicios de seguridad europeos han identificado redes de agentes rusos en los Estados Bálticos que estarían preparándose para una posible invasión. Según el informe, estas redes forman parte de una guerra híbrida destinada a socavar la seguridad regional y apoyar las políticas agresivas del Kremlin .
Agenda de la Próxima Semana (20-26 enero 2026)
•22 de enero - Panel sobre China (Chatham House): Se espera con interés el panel “What is China’s vision for a new world order?”. El evento podría arrojar luz sobre cómo Beijing planea posicionarse en un orden global fracturado, especialmente a la luz de la nueva doctrina de política exterior estadounidense.
•Respuesta de la OTAN al sabotaje de cables: Se espera una declaración oficial de la OTAN sobre los incidentes en el Mar Báltico. La naturaleza de la respuesta (o la falta de ella) será un indicador clave de la seriedad con la que la alianza está tomando la amenaza de la guerra híbrida.
•Debate sobre la independencia del BCE: Las discusiones sobre la presión política a los bancos centrales probablemente se intensificarán en Europa. Se esperan declaraciones de funcionarios del BCE y de líderes políticos europeos, que podrían definir el futuro de la política monetaria en el continente.
•Foro Económico Mundial (Davos): Aunque el evento comenzó el 20 de enero, la semana próxima verá las sesiones más importantes. Según The Economist, “el evento de networking definitivo está sintiendo la tensión” debido a las fracturas geopolíticas . Los discursos de líderes mundiales y las reuniones a puerta cerrada podrían ofrecer pistas sobre cómo las élites globales están reaccionando al nuevo orden emergente.




