Estados Unidos entra en Venezuela
Anatomía diplomática de una captura, un cambio de régimen y el precedente que puede redibujar el orden internacional
En la madrugada del 3 de enero de 2026 se alteró, de golpe, el idioma en el que el hemisferio occidental habla de soberanía, legitimidad y poder. En una operación de gran escala, fuerzas estadounidenses capturaron al presidente venezolano —y a su esposa, Cilia Flores— tras una oleada de ataques contra objetivos militares en Caracas y otros puntos del país. Horas después, el propio presidente Donald Trump presentó la acción como un “acto de justicia” con respaldo penal y anunció que Estados Unidos “dirigirá” temporalmente Venezuela mientras se organiza una transición. La escena —Maduro esposado, trasladado fuera del país y encaminado hacia un tribunal federal en Nueva York— es el tipo de imagen que reabre heridas históricas en América Latina y reactiva los peores temores europeos sobre la erosión de normas que, imperfectas, han sostenido la paz entre Estados desde 1945.
El impacto no proviene sólo de la espectacularidad del operativo. Proviene de su mensaje: el uso explícito de la fuerza para capturar a un jefe de Estado extranjero y trasladarlo a suelo estadounidense, sin un mandato del Consejo de Seguridad de la ONU y con una justificación jurídica —autodefensa frente al “narco-terrorismo”— que la mayoría de expertos consultados, y buena parte de gobiernos, consideran insuficiente o abiertamente contraria a la Carta de Naciones Unidas. La pregunta que se impone desde el primer momento es doble: ¿qué se gana con el golpe de efecto? y, sobre todo, ¿quién administra el día después?
Lo que sigue es un intento de ordenar los hechos conocidos, contrastarlos con fuentes públicas y, a la vez, leer su significado diplomático con la frialdad que exige una crisis de este calibre: una crisis que tensiona al sistema internacional en tres planos simultáneos —regional, legal y geopolítico— y que no admite análisis en blanco y negro.
I. El mundo reacciona: condena, cautela y un aplauso minoritario
La comunidad internacional respondió con un mosaico que, en el fondo, retrata una tensión clásica: muchos gobiernos pueden considerar a Maduro ilegítimo o autoritario, pero aun así rechazar la intervención armada como método para resolver esa ilegitimidad. Francia pidió una transición “pacífica, democrática” y aludió al presidente electo en 2024, Edmundo González Urrutia. España, por su parte, explicitó el dilema en una frase que resume el estado de ánimo de varias capitales europeas: no reconocer al “régimen de Maduro” no implica validar “una intervención” que viole el derecho internacional y empuje a la región hacia un horizonte de inestabilidad. Alemania pidió tiempo para evaluar la legalidad; Reino Unido remarcó que no participó y que deben respetarse las normas internacionales.
En América Latina, las reacciones fueron más tajantes. Brasil habló de “línea inaceptable” cruzada y advirtió del precedente para toda la comunidad internacional; México condenó explícitamente las acciones como violación del artículo 2 de la Carta de la ONU; y varios países —con matices— insistieron en la necesidad de una transición ordenada, con respeto a la soberanía y a los derechos humanos. Argentina, en cambio, se alineó con Washington en términos políticos, enmarcando el episodio como “colapso” de un régimen que se habría aferrado al poder pese a haber perdido elecciones. Es un patrón previsible: apoyo más explícito de gobiernos ideológicamente cercanos a la Casa Blanca, y rechazo o alarma de aquellos que, aun críticos con Caracas, temen el retorno de un intervencionismo que el continente creyó archivado.
Fuera del hemisferio, China condenó el uso de la fuerza “contra un país soberano” y “contra el presidente” de ese país. Rusia habló de “agresión armada” y sugirió que la animadversión ideológica había pesado más que el pragmatismo. Israel felicitó a Trump por un liderazgo “audaz”. Sudáfrica pidió un Consejo de Seguridad urgente. Ese abanico ilustra una realidad incómoda para Washington: incluso aliados o socios pueden coincidir en la crítica jurídica aunque discrepen sobre Maduro.
En Naciones Unidas, el tono fue inequívoco. El portavoz del secretario general advirtió que estos acontecimientos constituyen “un precedente peligroso” y subrayó que las reglas del derecho internacional “no han sido respetadas”. Es una frase de apariencia técnica, pero con consecuencias enormes: sugiere que, para la Secretaría General, lo ocurrido no es simplemente polémico, sino normativamente erosivo.
II. De la “guerra contra las drogas” a la ingeniería política: la escalada que desemboca en Caracas
Para entender el salto del 3 de enero hay que mirar, al menos, dos cronologías superpuestas. La primera es tecnológica y operativa: la construcción, desde 2025, de una arquitectura de vigilancia marítima y de interdicción —incluidos sistemas no tripulados— en el área de responsabilidad del Comando Sur y la 4.ª Flota. En enero de 2025, la Marina estadounidense presentó la “Operation Southern Spear” como un paso para operacionalizar sistemas robóticos y autónomos, integrados con guardacostas y centros interagencia, con el fin declarado de mejorar la “conciencia del dominio marítimo” y apoyar operaciones antinarcóticos. Es un texto que, leído hoy, suena a preludio de un cambio doctrinal: normalizar presencia persistente, barata y automatizada en zonas clave, con el argumento de combatir redes ilícitas.
La segunda cronología es política: una escalada en seis meses que, según diversos medios, transitó de la narrativa antidroga a un objetivo de “remoción” del liderazgo venezolano. En España y América Latina, esa secuencia se conoce ya por un nombre: “Operación Lanza del Sur”, la etiqueta periodística que encapsula el viraje desde el control marítimo hacia la acción coercitiva directa sobre el Estado venezolano.
La cronología pública —con inevitables zonas oscuras— incluye al menos estos hitos: aumento de recompensas y presión judicial; despliegues militares regionales; ataques contra embarcaciones presuntamente vinculadas al narcotráfico; designaciones de redes o entidades venezolanas como estructuras terroristas; sanciones y bloqueos a la exportación de crudo; y, finalmente, la transición hacia golpes en tierra. RTVE resume la escalada con fechas que dibujan una espiral: recompensa reforzada y movimientos militares ya en agosto; primeros ataques contra lanchas en septiembre; denuncias venezolanas y reacciones regionales en los meses siguientes; un bloqueo más explícito en diciembre; y, en la última semana de 2025, un salto cualitativo con el primer ataque terrestre conocido —un golpe a una instalación portuaria— antes del asalto de enero.
Ese ataque a un muelle es especialmente significativo porque delata el cambio conceptual: ya no se trata de interceptar cargamentos en mar abierto, sino de degradar infraestructura dentro del territorio venezolano. “Detalles escasos” y negativa a comentar implicaciones de inteligencia acompañaron entonces el anuncio. En retrospectiva, parece un ensayo: probar la reacción internacional, medir la defensa aérea, calibrar el umbral político interno en EE. UU., y preparar un relato de continuidad (“primero barcos, luego puertos, luego centros de mando”).
La clave diplomática aquí es que la narrativa antidroga funciona como un paraguas emocional para justificar medidas cada vez más agresivas, pero el sistema internacional no evalúa emociones: evalúa bases legales. Y ahí la escalada se vuelve vulnerable, porque el argumento de “narco-terrorismo” como amenaza difusa no sustituye —según la lectura mayoritaria de expertos— las condiciones estrictas de autodefensa del artículo 51, ni una autorización del Consejo de Seguridad.
III. “Absolute Resolve”: cómo se ejecuta una captura presidencial en la era del dron, el ciber y la señal
Los detalles operativos que han trascendido describen una misión preparada durante meses y ejecutada con superioridad aérea abrumadora. Reuters informó de un operativo ensayado en una maqueta (“mock-up”) del complejo residencial, con participación de fuerzas especiales y apoyo decisivo de inteligencia, incluida una fuente cercana a Maduro que ayudó a ubicarlo. El patrón recuerda a manuales clásicos de captura de objetivos de alto valor: preparación prolongada, ensayos repetidos, control del espectro electromagnético, neutralización de defensas y extracción rápida.
Según ABC News, el jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Dan Caine, habló de más de 150 aeronaves implicadas: cazas (F‑35, F/A‑18, E/A‑18, F‑22), bombarderos B‑1, plataformas de vigilancia e inteligencia, helicópteros, además de apoyo desde múltiples bases. La lista no es un detalle técnico sin importancia: revela un objetivo político. Cuando un presidente despliega esa magnitud de fuerza para capturar a un líder, no sólo busca éxito militar; busca un mensaje estratégico, doméstico e internacional.
Defense One aporta otra capa, más contemporánea: el peso de la inteligencia de señales y de la guerra cibernética. La NSA habría proporcionado soporte de geolocalización e “indicadores y alertas” para anticipar movimientos de radar o tropas; la NGA habría contribuido con datos de imagen y cartografía; y el U.S. Cyber Command habría participado, sin que se detallen sus acciones. Trump llegó a insinuar que el apagón de luces en Caracas se debió a “una pericia” estadounidense. Es, de nuevo, un mensaje: dominio tecnológico como instrumento de coerción política.
El golpe inicial, según análisis satelital difundido por Axios, destruyó o dañó infraestructura militar clave en Fuerte Tiuna y otros puntos: edificios aplanados, vehículos calcinados, puestos de control arrasados. En términos diplomáticos, el uso público de imágenes satelitales cumple una función de “demostración”: prueba de capacidad y, al mismo tiempo, de control del relato.
La extracción completa, por su parte, se ha descrito como rápida: traslado a una plataforma naval (se menciona el USS Iwo Jima) y posterior vuelo hacia Estados Unidos. Reuters señaló que la operación fue seguida en tiempo real por Trump y asesores, y que el presidente publicó una imagen del mandatario venezolano detenido. De cara a la opinión pública, es el equivalente político de plantar una bandera. De cara a aliados y rivales, es otra cosa: un precedente.
IV. El derecho internacional frente al “relato penal”: por qué la legalidad es el centro del debate
Aquí conviene separar tres planos que suelen confundirse: (1) el plano penal estadounidense, (2) el plano del derecho internacional público, y (3) el plano político-moral.
En el plano penal, Washington sostiene que Maduro enfrenta acusaciones graves relacionadas con narcotráfico y “narco-terrorismo”. Ese marco no nació en 2026: en 2020, el Departamento de Justicia ya anunció cargos contra Maduro y otros funcionarios por presunta asociación con las FARC y tráfico de cocaína, presentándolo como una “asociación narco-terrorista” destinada a inundar Estados Unidos con droga. Ese antecedente es importante porque explica por qué la Administración intenta vestir la operación como ejecución de justicia y no como guerra.
En el plano del derecho internacional, la objeción es más directa. Para Marc Weller, director del programa de derecho internacional de Chatham House, el derecho internacional prohíbe el uso de la fuerza como herramienta de política nacional salvo mandato del Consejo de Seguridad (capítulo VII), autodefensa ante un ataque armado o, en escenarios muy estrechos y controvertidos, la protección inmediata frente a exterminio. Según su lectura, ninguno de esos requisitos se cumple en Venezuela, y la represión del narcotráfico o la idea de que el gobierno sea “empresa criminal” no ofrece base legal. Esta afirmación tiene una consecuencia práctica: incluso si el objetivo moral fuese “bueno”, el método erosiona la regla que protege a los Estados medianos y pequeños de la ley del más fuerte.
El debate se desplaza entonces al argumento de autodefensa. Reuters informó de que Estados Unidos invocó el artículo 51 de la Carta de la ONU. El problema es que la autodefensa —sobre todo si es preventiva o ampliada— es uno de los terrenos más disputados desde el 11‑S. Si se convierte en un comodín para “capturar” jefes de Estado por delitos, el sistema entero se desestabiliza: Rusia podría justificar secuestros extraterritoriales; China podría alegar autoridad sobre liderazgos taiwaneses; y otros Estados podrían replicar la lógica con menos contención. El propio senador Mark Warner, según Defense One, formuló la pregunta en esos términos: cruzar esa línea da “pista” a adversarios para reclamar lo mismo.
En el plano político-moral, la conversación es más ambigua: ¿qué ocurre si un líder autoritario, acusado de crímenes y de haber robado elecciones, es removido por una potencia externa? Algunos celebran el fin de un régimen; otros recuerdan que la legitimidad no se produce a bombazos. La preocupación de Guterres sobre el “precedente peligroso” apunta precisamente a esto: la norma existe para evitar que cada potencia se reserve un derecho unilateral a “corregir” el mundo a golpes.
Un apunte adicional: incluso si la captura fuese ilegal bajo derecho internacional, eso no necesariamente impide un juicio en EE. UU. Bloomberg Law recuerda la doctrina Ker‑Frisbie: los acusados, por regla general, no pueden invalidar la jurisdicción alegando que fueron traídos ilegalmente, y el Supremo ha avalado esa idea en casos de secuestro transfronterizo. Traducido: el proceso puede avanzar, aunque el coste diplomático y jurídico internacional sea enorme.
V. Washington se divide: Congreso, “America First” y la pelea por el relato
En política estadounidense, la operación abre dos debates que rara vez conviven bien: seguridad nacional y límites constitucionales al uso de la fuerza. Chatham House ya advertía que, si la intervención se prolonga y se vuelve más costosa, no sólo habrá un “problema Venezuela”, sino un “problema MAGA”: un choque con el instinto anti‑aventuras militares que parte del trumpismo reivindicó durante años.
Las primeras reacciones en el Congreso reflejan esa fractura. Desde el liderazgo republicano en seguridad e inteligencia, hubo respaldo explícito: el senador Tom Cotton describió a Maduro como un “traficante” acusado y presentó la operación como recordatorio de lo que EE. UU. puede hacer con un presidente “decidido”. Del lado demócrata, la crítica combinó dos ideas: Maduro es un autócrata, sí; pero normalizar capturas militares de líderes extranjeros erosiona las reglas y abre la puerta a abusos de otros.
En la izquierda estadounidense y en sectores anti‑guerra, la reacción fue frontal. El Partido Verde calificó el ataque de “inconstitucional” y pidió incluso impulsar un impeachment. Más allá de su peso parlamentario, este tipo de posicionamientos importa por dos razones: (1) articulan protesta social y (2) alimentan el debate sobre la Ley de Poderes de Guerra y el control del Congreso.
En la derecha, la tensión es menos jurídica y más identitaria: si “America First” significa evitar guerras largas, ¿cómo se justifica “dirigir” temporalmente un país de 28 millones de habitantes, en plena crisis humanitaria y con fuerzas armadas propias? La declaración de Trump sobre “correr el país” —repetida por varios medios— no es una frase suelta: es la asunción pública de una responsabilidad que, históricamente, se vuelve un ancla.
VI. La guerra en la sombra: inteligencia, operaciones encubiertas y la lógica del “objetivo de alto valor”
El componente más revelador de la operación no está en las bombas, sino en el “trabajo fino” previo. Defense One habla de agencias que levantaron “equipos de acción de crisis” y construyeron un retrato granular de la vida cotidiana de Maduro: cómo se movía, qué comía, qué vestía, detalles sobre su entorno. Son expresiones que, en jerga de inteligencia, implican vigilancia persistente, fuentes humanas y explotación técnica.
Reuters añade dos piezas clásicas: ensayos sobre maqueta del objetivo y el papel de una fuente cercana al propio Maduro. En diplomacia, la mera posibilidad de esa penetración tiene efecto corrosivo interno: alimenta sospechas, desencadena purgas, dispara paranoia en aparatos de seguridad y puede empujar a los leales hacia estrategias más represivas. En el corto plazo, eso complica precisamente lo que Washington dice querer: una transición “segura”.
La escalada previa también está impregnada de ese carácter híbrido. El país que comenzó presentando un despliegue robótico‑autónomo contra el tráfico ilícito terminó ejecutando golpes en tierra y capturas de liderazgo. La pregunta que se hacen varios analistas no es si la tecnología permite esas operaciones, sino si el sistema político estadounidense puede controlar su tentación de usarlas. Cuando la superioridad es tan asimétrica, el umbral para “hacer algo” baja peligrosamente.
Aquí aparece un eco histórico que el propio documento base (y no pocos comentaristas) rescatan: la tentación de pensar en Venezuela como un tablero de “esferas” negociables. En su testimonio de 2019, Fiona Hill describió cómo, durante el pulso por Venezuela en la primavera de aquel año, los rusos “señalaban” una especie de intercambio simbólico: “Ustedes tienen su Doctrina Monroe; nosotros tenemos la nuestra; Ucrania es nuestro patio trasero”. Es una frase que hoy vuelve como advertencia: si EE. UU. legitima la captura de un líder bajo su propia narrativa de “patio trasero”, otros actores se sentirán autorizados a aplicar lógicas análogas en sus vecindarios.
VII. El espejo de Panamá: el “modelo Noriega” y por qué la analogía es tentadora, pero incompleta
La comparación con Panamá (1989) aparece de forma casi automática: un líder acusado de narcotráfico, una operación militar estadounidense, una captura, un juicio en EE. UU. La analogía funciona como relato breve, pero oculta diferencias estructurales. Un análisis difundido por NPR (vía VPM) cita a John Feeley, ex embajador en Panamá, para recordar que el caso panameño tuvo condiciones particulares: presencia previa masiva de tropas estadounidenses en la zona del canal, oposición política preparada para asumir, y una retirada relativamente rápida.
En Venezuela, el terreno es más complejo: tamaño, polarización, actores armados, redes ilícitas transnacionales, presencia de socios externos y un aparato estatal atravesado por lealtades y negocios. Además, Trump no sólo capturó: anunció que EE. UU. “dirigirá” temporalmente el país y deslizó una agenda de reactivación petrolera. Eso es otra película: ya no se trata sólo de sacar a un hombre, sino de administrar un Estado.
VIII. ¿Y ahora qué? Venezuela tras la captura: sucesión, oposición y el riesgo del vacío
Las primeras horas tras el ataque mostraron la fragilidad del momento. Trump afirmó que la vicepresidenta Delcy Rodríguez fue juramentada como nueva presidenta y habló de cooperación; Rodríguez, en un mensaje televisado, describió lo ocurrido como “barbarie” y exigió pruebas de vida. Esta disonancia no es anecdótica: revela una disputa por legitimidad que puede prolongarse y que, en ausencia de canales diplomáticos robustos, puede degenerar en escalada interna.
La oposición venezolana, por su parte, enfrenta un dilema clásico de transiciones bajo presión externa: ¿cómo beneficiarse del colapso del liderazgo chavista sin quedar marcada como “instalación” extranjera? La figura de María Corina Machado —mencionada como Nobel de la Paz 2025 en varias crónicas— aparece como símbolo, pero también como objetivo de ataques internos. Trump, según NPR/VPM, llegó a minimizar su capacidad para liderar por falta de apoyo o respeto dentro del país. Feeley calificó ese gesto como lo “más triste” de la rueda de prensa: quitarle centralidad a la oposición civil organizada debilita la única salida mínimamente legítima: una transición conducida por venezolanos, con garantías y supervisión internacional.
Los escenarios inmediatos que manejan analistas suelen agruparse en tres:
consolidación de un gobierno de continuidad (con Rodríguez u otra figura del chavismo) que busque resistir y negociar;
fractura del aparato militar y surgimiento de un “gobierno de transición” apoyado por una coalición interna;
escalada hacia violencia prolongada, con facciones armadas y disputas territoriales, especialmente si redes criminales intentan capturar rentas y rutas.
El riesgo de “vacío” no es retórico. Si una intervención externa desarticula el centro sin construir legitimidad interna, lo que emerge a menudo no es democracia, sino competencia por el botín: Estado débil, violencia y migración. El propio antecedente de “war games” —citado en debates públicos recientes— alertaba de escenarios de caos y éxodo si el post‑Maduro no se planificaba con precisión.
IX. Repercusiones geopolíticas: Ucrania, Taiwán, Irán y el retorno del lenguaje de “esferas”
Bronwen Maddox, desde Chatham House, advirtió que rivales como Rusia podrían instrumentalizar la operación para reforzar su narrativa sobre Ucrania y que China podría citarla en su retórica sobre Taiwán. Esto no significa equivalencia moral; significa herramienta retórica. En un mundo saturado de precedentes, el “qué” importa, pero el “cómo” importa más: la normalización del uso de fuerza para capturar líderes ofrece munición a quienes ya buscan debilitar normas multilaterales.
Hay, además, una dimensión psicológica: si Washington demuestra que está dispuesto a apostar por el cambio de régimen allí donde percibe amenaza, otros regímenes —en particular aquellos con protestas internas y vulnerabilidad económica— pueden reaccionar radicalizando su represión y buscando blindaje externo. Maddox apuntó a Irán como potencialmente “más preocupado” al ver que EE. UU. podría intentar régimen‑change si encuentra vía. En diplomacia, los movimientos no se leen aislados; se leen como señales de apetito y límites.
Y está la geopolítica de la energía. Trump habló, según NPR/VPM, de vender petróleo y aumentar producción, vinculando explícitamente el futuro político con la capacidad de exportación. Eso ata el episodio a la historia larga del petróleo venezolano como incentivo y maldición: fuente de interés externo, pero también de sospecha permanente sobre motivaciones reales. Incluso si el objetivo declarado es antinarcóticos, el énfasis público en el crudo alimenta lecturas cínicas y complica la obtención de apoyo internacional.
Conclusión: un “éxito total” táctico que abre una década de incógnitas
En términos militares, la captura de un jefe de Estado protegido por un aparato de seguridad y extraído en pocas horas es un logro operativo excepcional. En términos diplomáticos, puede ser una victoria pírrica. Porque el precio no se mide sólo en daños colaterales, sino en el precedente que se deja escrito: la idea de que una potencia puede, bajo un relato penal propio, cruzar fronteras, usar fuerza y trasladar a un líder extranjero a sus tribunales. Ese precedente, como advirtió el secretario general de la ONU, es peligroso no por lo que hace a Maduro, sino por lo que permite a otros hacer mañana.
Hay una frase de Christopher Sabatini que resume el dilema político para Trump: al capturar a Maduro y prometer “dirigir” temporalmente el país, el presidente estadounidense pasa a ser responsable —ante su electorado y ante el mundo— de lo que ocurra después. Si Venezuela se estabiliza y transita hacia una legitimidad electoral con ayuda internacional, el episodio será reescrito como una intervención eficaz. Si Venezuela se fragmenta, se hunde o se convierte en un escenario de violencia prolongada, el 3 de enero de 2026 será recordado como el día en que se cruzó una línea que costó una generación recomponer.
FUENTES CITADAS Y LECTURAS CONSULTADAS (con URL)
[1] PBS NewsHour — “A timeline of U.S. military escalation against Venezuela leading to Maduro’s capture” (enero 2026)
https://www.pbs.org/newshour/world/a-timeline-of-u-s-military-escalation-against-venezuela-leading-to-maduros-capture
[2] Chatham House — “US to ‘run’ Venezuela after Maduro captured, says Trump: Early analysis from Chatham House experts” (3 enero 2026)
https://www.chathamhouse.org/2026/01/us-attacks-venezuela-and-maduro-captured-early-analysis-chatham-house-experts
[3] Chatham House — “The US capture of President Nicolás Maduro – and attacks on Venezuela – have no justification in international law” (enero 2026)
https://www.chathamhouse.org/2026/01/us-capture-president-nicolas-maduro-and-attacks-venezuela-have-no-justification
[4] Foreign Policy — “Trump Says U.S. ‘Hit’ Venezuelan Dock” (29 diciembre 2025)
https://foreignpolicy.com/2025/12/29/trump-us-venezuela-dock-land-strike-drug-trafficking-boats/
[5] Al Jazeera — “US lawmakers react to attack on Venezuela, ‘capture’ of Nicolas Maduro” (3 enero 2026)
https://www.aljazeera.com/news/2026/1/3/us-lawmakers-react-to-attack-on-venezuela-capture-of-maduro
[6] BBC News — “World leaders react to US capture of Venezuelan leader Nicolás Maduro” (enero 2026)
https://www.bbc.com/news/articles/czx1rpxzyx9o
[7] The New York Times — “C.I.A. Source Inside Venezuelan Government Helped in Maduro’s Capture” (3 enero 2026)
https://www.nytimes.com/2026/01/03/world/americas/cia-venezuelan-official-maduro.html
[8] Defense One — “US spy agencies contributed to operation that captured Maduro” (3 enero 2026)
https://www.defenseone.com/threats/2026/01/us-spy-agencies-contributed-operation-captured-maduro/410437/
[9] Reuters — “Mock house, CIA source and Special Forces: The US operation to capture Maduro” (3 enero 2026)
https://www.reuters.com/business/aerospace-defense/mock-house-cia-source-special-forces-us-operation-capture-maduro-2026-01-03/
[10] Reuters — “UN Security Council to meet over US strike on Venezuela; Maduro captured” (4 enero 2026)
https://www.reuters.com/world/americas/un-security-council-meet-over-us-strike-venezuela-maduro-captured-2026-01-04/
[11] Reuters — “World reacts to US strikes on Venezuela” (3-4 enero 2026)
https://www.reuters.com/world/americas/world-reacts-us-strikes-venezuela-2026-01-03/
[12] UN DPPA — “U.S. Strike on Venezuela and Capture of President Maduro Sets Dangerous Precedent, UN Chief Warns” (enero 2026)
https://dppa.un.org/en/us-strike-venezuela-and-capture-of-president-maduro-sets-dangerous-precedent-un-chief-warns
[13] RTVE — “Cronología de la escalada de EEUU contra Venezuela hasta la captura de Maduro” (4 enero 2026)
https://www.rtve.es/noticias/20260104/cronologia-escalada-eeuu-contra-venezuela-hasta-captura-maduro/
[14] U.S. Navy — “Operation Southern Spear: Latest Development in Operationalizing Robotic and Autonomous Systems” (28 enero 2025)
https://www.navy.mil/Press-Office/Press-Releases/display-pressreleases/Article/4044322/operation-southern-spear-latest-development-in-operationalizing-robotic-and-aut/
[15] ABC News — “’What he ate’: Inside the meticulously planned operation to capture Maduro” (enero 2026)
https://abcnews.go.com/Politics/ate-inside-meticulously-planned-operation-capture-maduro/story?id=128871919
[16] Axios — “World leaders denounce U.S. operation to capture Maduro” (3 enero 2026)
https://www.axios.com/2026/01/03/maduro-capture-venezuela-world-leaders
[17] Axios — “U.S. leveled military facilities in Maduro attack, satellite imagery reveals” (3 enero 2026)
https://www.axios.com/2026/01/03/venezuela-satellite-images-maduro-attack
[18] Bloomberg Law — “Maduro Capture Unlikely to Hinder US Prosecution, Experts Say” (3 enero 2026)
https://news.bloomberglaw.com/us-law-week/maduro-capture-unlikely-to-hinder-us-prosecution-experts-say
[19] U.S. Department of Justice — “Nicolás Maduro Moros and 14 Current and Former Venezuelan Officials Charged…” (26 marzo 2020)
https://www.justice.gov/archives/opa/pr/nicol-s-maduro-moros-and-14-current-and-former-venezuelan-officials-charged-narco-terrorism
[20] The Impeachment Papers (DP.LA) — Fiona Hill deposition transcript (2019; consultado por contexto histórico de “esferas”)
https://impeachmentpapers.dp.la/Text/body13_008.xhtml
[21] Green Party (EE. UU.) — Declaración condenando el ataque y pidiendo acciones constitucionales (enero 2026)
https://www.gp.org/green_party_condemns_unconstitutional_venezuela_attack



