El 16 de octubre, la costarricense Rebeca Grynspan volvió a encabezar una consulta informal del Consejo de Seguridad para elegir al próximo secretario general de Naciones Unidas. Según los resultados obtenidos por PassBlue, recibió nueve apoyos, pero dos miembros permanentes desaconsejaron su candidatura. Las papeletas diferenciaban por primera vez en este proceso entre los cinco países con derecho de veto y los diez miembros elegidos. Una mayoría favorable coexistía, por tanto, con obstáculos decisivos.

Esas señales no equivalen a vetos formales ni permiten identificar públicamente qué gobiernos emitieron cada voto. Sí revelan la dificultad central de la sucesión: reunir apoyos y superar resistencias son dos trabajos distintos.
António Guterres termina su mandato el 31 de diciembre. Quien le suceda heredará una institución cuyo máximo responsable dispone de independencia jurídica y capacidad de iniciativa, pero depende de otros para convertir muchas de sus propuestas en decisiones y operaciones. El nombramiento resolverá quién ocupa el cargo. La capacidad para ejercerlo seguirá negociándose durante todo el mandato.
Una mayoría que necesita superar el veto
El artículo 97 de la Carta establece dos pasos: el Consejo de Seguridad recomienda y la Asamblea General nombra. En el Consejo hacen falta al menos nueve votos afirmativos de sus quince miembros y ningún voto negativo de los cinco permanentes: Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Reino Unido. La abstención de uno de ellos permite aprobar la recomendación si se alcanzan los nueve votos.
La aritmética importa. Cualquiera de las cinco potencias puede impedir una candidatura, pero sus votos no bastan para recomendarla: incluso estando todas a favor, necesitan al menos cuatro apoyos entre los diez miembros elegidos. Estos tienen una influencia menor que quienes disponen de veto, aunque decisiva para formar una mayoría. La Asamblea conserva, además, la competencia para efectuar el nombramiento.
Las consultas informales permiten explorar ese equilibrio antes de una decisión formal. El color de una papeleta ayuda a distinguir entre una candidatura con escaso respaldo general y otra con muchos apoyos que tropieza con una potencia. Para los aspirantes, conocer la diferencia orienta la negociación; para el observador, evita confundir el liderazgo en una consulta con una victoria próxima.
El proceso incorpora también candidaturas públicas, declaraciones de visión y diálogos abiertos. Es una mejora relevante: permite examinar propuestas y exigir explicaciones. Como señala Thibault Camelli, del Center on International Cooperation de la Universidad de Nueva York, esa apertura ha ampliado la legitimidad pública del procedimiento sin trasladar el control de acceso que conserva el Consejo. La transparencia modifica los costes políticos de una decisión, aunque no sustituye las reglas de la Carta.
Independencia y acceso a las potencias
La influencia de las potencias en la selección puede inducir a pensar que el secretario general queda a sus órdenes. La Carta establece lo contrario. Su artículo 100 prohíbe que él y el personal de la Secretaría soliciten o reciban instrucciones de gobiernos. También obliga a los Estados a respetar el carácter internacional de sus responsabilidades. Haber facilitado una designación no concede el derecho a dirigir a la persona designada.
Esa independencia tiene una dimensión operativa. El artículo 99 permite al secretario general llevar ante el Consejo cualquier asunto que, a su juicio, pueda amenazar la paz y la seguridad internacionales. Sus buenos oficios —abrir contactos, facilitar conversaciones, explorar compromisos— pueden comenzar por iniciativa propia, además de responder a solicitudes de las partes o de los órganos de Naciones Unidas.
Entre estas facultades y su resultado existe un espacio que ocupa el liderazgo. Importan el criterio para detectar una oportunidad, el momento de intervenir, la calidad de los enviados y la confianza que inspire la información presentada. La ausencia de poder coercitivo propio aumenta el valor de esas capacidades.
Ser aceptable para gobiernos enfrentados puede aportar una ventaja: acceso a interlocutores que difícilmente compartirían otra mesa. Preservar ese acceso exige discreción; preservar la independencia exige saber discrepar. La tensión aparece cuando mantener abierto un canal amenaza con convertirse en una razón para silenciar hechos o abandonar los principios de la Carta.
El respaldo obtenido para la designación puede facilitar la acción posterior, sin garantizarla. La cuestión es qué hace el secretario general con ese margen de interlocución: si lo utiliza para formular propuestas propias, ensanchar los acuerdos posibles y sostener una posición institucional cuando deja de resultar cómoda.
Dos episodios que delimitan el poder del cargo
La crisis de Suez de 1956 permite ver cómo funciona ese margen. La Asamblea General respaldó el diseño de la Fuerza de Emergencia de Naciones Unidas, UNEF, elaborado por Dag Hammarskjöld. La resolución 1001 aprobó sus principios y le atribuyó facultades para organizar su funcionamiento. El despliegue en Egipto necesitó el consentimiento del Gobierno egipcio, conseguido tras extensas consultas del secretario general.
Gaza mostró otro límite. El 6 de diciembre de 2023, Guterres invocó el artículo 99. Dos días después, un proyecto de resolución que exigía un alto el fuego humanitario inmediato obtuvo trece votos favorables, una abstención británica y el veto estadounidense. El secretario general había activado la alerta institucional y promovido el debate; carecía de capacidad para neutralizar aquel veto.
Ambos episodios delimitan la responsabilidad del cargo. La iniciativa del secretario general puede convertir una oportunidad política en un instrumento operativo, como ocurrió en Suez. También puede hacer explícita una responsabilidad que los Estados deciden no asumir. Esa capacidad para crear opciones y precisar quién impide ejecutarlas forma parte de su influencia, aunque sus resultados sean distintos.
El poder también se decide en la caja
La sucesión coincide con otra negociación menos visible. El 13 de octubre, Guterres presentó una propuesta de presupuesto ordinario de 3.300 millones de dólares para 2027. Es una propuesta sujeta a la aprobación de la Asamblea, no un recurso ya disponible para su sucesor. El calendario importa: parte de las condiciones materiales del próximo mandato se está discutiendo antes de conocer a su titular.
Conviene distinguir entre el presupuesto ordinario, las cuentas de las operaciones de mantenimiento de la paz y los recursos de fondos, programas y organismos especializados. Hablar del presupuesto de «la ONU» como si fuera una única bolsa administrada libremente por el secretario general oscurece dónde se toman las decisiones. Tampoco una autorización de gasto asegura que las contribuciones lleguen cuando hacen falta.
La situación financiera requiere, además, una lectura actualizada. En su informe del 7 de octubre, la responsable de gestión, Catherine Pollard, explicó que las entradas de septiembre habían permitido reponer las reservas del presupuesto ordinario y que se esperaba disponer de efectivo suficiente para atender sus obligaciones hasta diciembre. La Asamblea había modificado también, mediante la resolución 80/270 y durante una prueba de cuatro años, el cálculo de los saldos que se acreditan a los Estados. La reforma corrige un mecanismo que obligaba a devolver importes que no se habían recaudado, agravando la tensión de liquidez.
La mejora no elimina la fragilidad. A 30 de septiembre seguían pendientes de pago 4.100 millones de dólares en cuotas de mantenimiento de la paz. Se trata de un saldo acumulado pendiente de cobro, no del presupuesto anual ni de una pérdida registrada durante 2026. La previsibilidad de los pagos continúa condicionando cuánto puede comprometer la Organización y con qué continuidad.
Las consecuencias se entienden mejor sobre el terreno. En febrero, el comisario de Policía de UNMISS, la misión en Sudán del Sur, explicó que el plan de contingencia había llevado a cerrar oficinas, incluida Aweil a finales de 2025. Se mantuvieron patrullas desde bases cercanas y equipos rotatorios para mitigar las carencias. El responsable describió una capacidad reducida y señaló también las restricciones impuestas a los movimientos de la misión.
El ejemplo muestra dos dependencias distintas: disponer de medios y poder utilizarlos. Financiar una misión no asegura la cooperación del país anfitrión; mantener su mandato no preserva automáticamente su presencia. Para la próxima Secretaría General, gestionar significará también hacer explícito qué capacidades se pierden cuando los recursos disminuyen y qué obstáculos políticos impiden emplearlas.
Lo que conviene leer en las candidaturas
Los nombres importan porque las instituciones no actúan por sí solas. Grynspan encabezaba la consulta del 16 de octubre; Carolyn Rodrigues Birkett y Rafael Grossi obtuvieron ocho apoyos cada uno y también recibieron dos señales negativas de miembros permanentes. Ese resultado sitúa a los tres en la conversación principal, pero todavía no permite identificar una candidatura con el camino despejado.
Grynspan aporta su experiencia en diplomacia económica desde la UNCTAD, el organismo de la ONU dedicado al comercio y el desarrollo; Grossi, la dirección del Organismo Internacional de Energía Atómica; Rodrigues Birkett, sus responsabilidades al frente de la política exterior de Guyana y su representación ante Naciones Unidas. Son trayectorias desde las que cabe preguntar cómo trasladarían sus métodos a un cargo con competencias y dependencias diferentes.
La campaña aporta indicios sobre cómo conciben el cargo. En una entrevista publicada por Reuters el 15 de octubre, Grynspan defendió una ONU menos adversa al riesgo diplomático y sostuvo que reducir costes no bastaría para recuperar su eficacia. La propuesta plantea una cuestión pertinente: cuánta iniciativa está dispuesta a ejercer la institución cuando una negociación puede fracasar.
La respuesta depende de cómo se organice ese riesgo. Lanzar una mediación requiere conocer a las partes, contar con un equipo y proteger la credibilidad del canal si el acuerdo no llega. Una iniciativa fallida puede dejar información y relaciones útiles; también puede deteriorarlas. El valor de una candidatura reside en su criterio para distinguir esas situaciones y explicar cómo actuaría.
Algo parecido ocurre con las promesas de reforma. Eliminar duplicidades administrativas puede liberar recursos. Reordenar una misión o abandonar una función implica decidir sobre prioridades políticas y necesita identificar quién tiene competencia para hacerlo. Una propuesta consistente debe conectar el cambio que persigue con los apoyos, las decisiones y los medios que requiere.
La posibilidad de que una mujer dirija por primera vez la Organización tiene entidad política propia. El examen de las candidaturas ganará profundidad si permite conocer también cómo afrontaría cada aspirante un mandato insuficientemente financiado, un bloqueo entre potencias o una presión incompatible con la independencia del cargo. Son situaciones que revelan el contenido de una concepción del liderazgo.
La negociación que seguirá abierta
Para las potencias medias y las economías abiertas, esta sucesión plantea una cuestión práctica: cuánto espacio quedará para encauzar controversias mediante instituciones comunes y cuánto recaerá en negociaciones bilaterales, donde pesa más la asimetría entre las partes. Un secretario general con interlocución propia puede ayudar a ampliar ese espacio. Necesitará Estados dispuestos a respaldar iniciativas concretas y asumir sus costes. También aquí existe margen para influir, más allá de las cinco potencias con veto.
La sucesión debe leerse junto con el presupuesto de 2027 y los mandatos que heredará el próximo secretario general. El nombramiento mostrará qué interlocutor pueden aceptar las potencias; las decisiones sobre financiación y operaciones permitirán calibrar qué compromisos están dispuestas a sostener. El liderazgo consistirá en aprovechar ese margen, ampliarlo mediante propuestas propias y, cuando resulte insuficiente, hacer visible qué decisiones impiden cumplir las responsabilidades que los Estados han asignado a la Organización.
Fuentes
1. PassBlue · Damilola Banjo. Powerful Council Members Reject A-Baki in First Color-Coded Poll. 16 de octubre de 2026; actualización del 17 de octubre.
2. Naciones Unidas. Selection and Appointment of the Next Secretary-General. proceso de selección 2025–2026; consulta: 18 de octubre de 2026.
3. Carta de las Naciones Unidas. Nombramiento y funciones del secretario general. artículo 97.
4. Consejo de Seguridad. Voting System. consulta: 18 de octubre de 2026.
5. NYU Center on International Cooperation · Thibault Camelli. Selecting the Next United Nations Secretary-General: Power, Legitimacy, and the Design of the UN Highest Office. 21 de septiembre de 2026.
6. Carta de las Naciones Unidas. Independencia del secretario general y de la Secretaría. artículo 100.
7. Carta de las Naciones Unidas. Iniciativa del secretario general ante el Consejo de Seguridad. artículo 99.
8. Naciones Unidas · Peacemaker. The Secretary-General and Mediation. consulta: 18 de octubre de 2026.
9. Asamblea General · A/RES/1001(ES-I), reproducida en Refworld. Resolución 1001: organización y funcionamiento de UNEF. 7 de noviembre de 1956.
10. United Nations University · Assembly for Peace. United Nations Emergency Force I (1956–1967). actualizado el 30 de agosto de 2024.
11. Naciones Unidas · SC/15519. Security Council Fails to Adopt Resolution Demanding Immediate Humanitarian Ceasefire in Gaza on Account of Veto by United States. 8 de diciembre de 2023.
12. Naciones Unidas. ‘Need for UN has never been greater,’ UN chief says, proposing slimmer $3.3 billion budget for 2027. 13 de octubre de 2026.
13. Carta de las Naciones Unidas. Competencia presupuestaria de la Asamblea General. artículo 17.1.
14. Naciones Unidas. General Assembly approves $3.45 billion regular budget for 2026. 6 de enero de 2026.
15. UN System Chief Executives Board for Coordination. Estructura y función de coordinación de la CEB. consulta: 18 de octubre de 2026.
16. Naciones Unidas · GA/AB/4517. While United Nations Regular Budget Collections Are Exceeding Expectations, Liquidity Remains Challenging, Management Chief Tells Fifth Committee. 7 de octubre de 2026.
17. UNMISS · Meinolf Schlotmann. Remarks to the United Nations Security Council on UN Peacekeeping Operations. publicado el 6 de febrero de 2026.
18. Naciones Unidas · UNRIC. Who will be the next United Nations Secretary-General?. 24 de abril de 2026.
19. Gobierno de Guyana · candidatura difundida por Naciones Unidas. Nomination of Carolyn Rodrigues Birkett. carta del 12 de junio de 2026.
20. Reuters. UN chief frontrunner Rebeca Grynspan says UN has become too risk-averse. 15 de octubre de 2026.


